Soy el agua de mis lágrimas

Resurgiendo desde las profundidades de mis emociones,
le canto a la vida, a la luna, a los cerros,
le canto al agua misma: espíritu sagrado que habita mi cuerpo.

Soy mujer, colibrí danzante.
Resurjo desde la más profunda alegría y el más profundo dolor, aceptando la dualidad que es este mundo, y que soy yo.

Me reconozco reflejo sagrado, me acepto y me abrazo y... vuelvo a cantar. Con fuerza y calma.
Doy tiempo a la vida, ya no corro,
contemplo el Misterio y lo agradezco;

agradezco, Gran Misterio;
agradezco, Madre Tierra;
agradezco el cielo, el viento, la luna y las estrellas;
agradezco el canto de los pájaros, la luz del Sol,
el sabor de las fresas y los mangos,
los abrazos de mis hijos, los besos de mi esposo,
la compañía de mi madre, y el silencioso apoyo de mi padre. Agradezco la voz de mis hermanas, compañeras de sentimientos, agradezco las sonrisas de las personas que no conozco
y la fuerza que da la unidad en mi familia.

Lloro: porque eso hago, porque así sano; Agüita curandera. Lloro de tristeza, de miedo, de enojo,
lloro de alegría, de risa, de ternura,
así es como siento la esperanza:

con nudos en la garganta y lágrimas en los ojos. ¡Agua milagrosa y juguetona,
agua profunda y misteriosa, agua de vida!

Me levanto desde mis lágrimas para cantar y seguir rezando, seguir agradeciendo.
Porque eso hacemos,

porque ese es nuestro propósito: agradecemos cuidando el agua, cuidando nuestras aguas, cuidando la vida,

cuidando a nuestros hijos...

Diana Sepúlveda - 2022

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